martes, diciembre 29, 2015

José L. Stevens - Respecto a la Transición, las Expectativas, la Desilusión y Otra Forma - 16 de Diciembre, 2015


Traducción: Fara González

Difusión: El Manantial del Caduceo
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Estos tiempos difíciles de transición han sido y son, y continuarán siendo desafiantes para decirlo suavemente. La gente en general tiene momentos difíciles y así este artículo dará una mirada a lo que nos afecta y mostrará formas de lidiar con estos tiempos para hacer las cosas un poco más fáciles.


Entre las muchas formas en las cuales las personas abordan la vida están esos comportamientos que nos ayudan a orientarnos hacia el futuro. Tenemos sueños, ideas, metas y planes. No hay malo con estos enfoques como muchas tradiciones espirituales nos han hecho creer. No estamos aquí para sentarnos a esperar 24 horas al día. Estamos aquí para vivir nuestras vidas, para aprender, crecer, experimentar y descubrir. Esto es todo parte de nuestro gran experimento como seres humanos en el plano físico.

El problema radica en nuestras expectativas. Con ojos muy abiertos comenzamos un nuevo negocio con grandes sueños y metas y la expectativa de que será sencillo ya que no hay una competencia aparente en nuestro nicho. Creamos un gran producto y entonces de pronto una docena de corporaciones lo copian, crean varias versiones de nuestro producto a pesar de nuestra marca registrada y nos arruinan a todos los niveles. Quizás no tenemos presupuesto para demandarlos y si lo tuviésemos estaríamos enmarañados durante años en procesos judiciales. El resultado pudiese ser una desilusión aplastante y la reacción sería la de sentirnos terriblemente apenados con nosotros mismos. Este es el escenario emocional que existe justo ahora al avanzar a través de transiciones tan enormes.

Ahora es tan fácil sentir que todo lo que hemos trabajado ha sido en vano. He hablado con muchas personas que sienten que de alguna forma sus vidas han ido por un camino que nunca hubiesen imaginado. Algunos dicen que pensaban que iban a cambiar el mundo y que creían que iban a ser famosos. De pronto los años pasaron y muchas cosas no ocurrieron. Quizás no encontraron al príncipe o la princesa. Quizás no tuvieron hijos y por tanto no tendrán nietos. Quizás la idea del gran negocio no funcionó o no se escribió ese libro o si lo hizo no encontró un editor o un mercado. Quizás nunca anticiparon una condición física, la alergia a los alimentos que los restringía, ese problema inmunológico, los accidentes, la condición emocional, etcétera. Quizás nunca pensaron que cuidar de padres envejecidos pudiera llevar tanto tiempo o apartarlos de sus carreras o que la pensión por la que ellos trabajaron tan duro se desvanecería en un clima económico desastroso. Esta es la vida y todos experimentan alguna versión de restricción o limitación, todos tienen desilusiones graves en la vida, sin excepción. Después de todo este es el plano físico, una experiencia perfectamente imperfecta. Así es como quisimos que fuese, si no ¿por qué dejamos el paraíso?


Pueden existir enormes diferencias en las diversas formas en que podemos enfrentar una desilusión. Algunos nutren sus desilusiones, las alimentan cuidadosamente, las hacen crecer en su jardín de malas hierbas especialmente cultivadas. Este es el sendero del martirologio, la cara compungida que debe comunicar que nadie ha visto el problema con el que ellos tienen que lidiar. Nadie pudiese suponer las profundidades de su dolor. Esto puede honorable y hasta algo heroico pero no es más que una trampa terrible. Finalmente es auto centrada y no sirve a nadie. Es terriblemente debilitante al final y solamente produce más de lo mismo.


Hay otra forma. Si sabemos que la desilusión es parte de la vida entonces podemos tomar algunas decisiones mejoradas respecto a cómo enfrentamos las frustraciones inevitables. Todos tienen historias sobre cómo una cierta desilusión se convirtió en lo mejor que pudiese sucederle. ¿Qué si hubiesen terminado con esa pareja que se convirtió en alcohólica o drogadicta? La esquivaron bien. ¿Qué si hubiesen aceptado ese empleo con esa compañía que cayó en bancarrota poco después? ¿Qué si no hubiesen tenido ese hijo con síndrome de Down que fue una contribución tan importante en sus vidas y un maestro para ellos? Qué bendición después de todo.


Pueden estar pensando que todo es bueno y está bien, haciendo limonada con limones, pero qué respecto a X. Eso fue malvado. No hay nada bueno respecto a mi primo que regresó ciego de Iraq, con lesión cerebral, sin brazos ni piernas. No hay nada bueno respecto a la muerte de mi amigo en un ataque terrorista sin sentido o mi hermana que perdió uno de sus hijos en un accidente. Este tipo de pensamiento no es más que decir ‘secretamente sé que la vida no vale la pena y es culpa tuyo por darme esperanzas, para luego verlas aplastadas por una tragedia horrible. Tenía razón después de todo. Debía suicidarme. Y tú también’-


Todos tenemos momentos así, algunos ya no. Al final es un gran drenaje de energía. Si están en ese estado, todo lo que pueden hacer es observar que están en manos de la falsa personalidad, el ego que quiere hundirlos en la angustia y retenerlos como su esclavo. La observación es algo que lleva a la verdad si tienen paciencia. Todo lo demás es resistencia, tratar de hacer algo al respecto, tratar de arreglarlo, tratar de encontrar a quien echarle la culpa, a quien juzgar. Solamente tomen una inhalación profunda y observen, noten, vean lo que sucede. Pregúntense lo siguiente: “¿si pudiese ver la verdad de estos sentimientos, de esta situación, qué observaría y notaría?” Quédense con esto por unos instantes. “¿Qué vería?” Si nada viene inmediatamente, entonces quédense durante un tiempo con este enfoque. O pueden tener otro enfoque. Pregúntense “¿Cuáles eran mis expectativas, que pensé que iba a suceder?” Observen la respuesta martirizada tal como: “Sí, lo que estaba pensando, siempre se convierte en….sea lo que sea que yo haga”. Eso es más indulgencia. Observen eso también. Mantengan sus ojos abiertos, observen cuidadosamente. Todo su ser está en acción para ver si realmente son honestos consigo mismos. Sí, se pueden sentir furiosos con este proceso. Es natural.


Aquí van las malas noticias. Cualquier cosa con la que transijan se fortalecerá y los torturará en el futuro. Tienen una elección. Lidien con la verdad ahora no después. Al final, tome el tiempo que sea, sea en esta vida o en otra, tendrán que enfrentar la verdad y el hacerlo los pondrá en una nueva senda de acción. Mientras más lo demoren más sufrirán. No hay excepciones a esta realidad. Luchen todo lo que quieran, opongan una resistencia furiosa. Perderán. Pueden pensar que están ganando, pero perderán.


La transición, el cambio, la redención vendrá si se rinden. Este es un mundo dominado por guerreros y una mentalidad guerrera. Puede que ustedes no sean guerreros pero todos tenemos profundamente impresa la cultura guerrera que ha dominado este mundo durante miles de años. Los guerreros odian la rendición, lucharán hasta la muerte antes de rendirse. Lo consideran poco honorable y creen que la gente debe ser severamente castigada por rendirse. Esto es todo un gran drama, una pérdida de tiempo, una ilusión, un medio para sufrir interminablemente.


Si queremos cambiar, si queremos transitar, si queremos un nuevo día, un nuevo sueño, una nueva tierra, entonces algo tiene que ceder. No podemos exigir que los demás se rindan, que entreguen sus posiciones y esperar que esta estrategia resulte. Tratamos durante miles de años. No funcionó. Esa es la vieja forma, un viejo paradigma que perece. La nueva forma es como sigue. No hay nadie allá fuera. Todo lo que imaginan es una proyección. La única persona que necesita rendirse son ustedes. El mundo cambia con su cambio. Es por esto que el gran maestro Gandhi decía ‘sean el cambio que quieren ver en el mundo’.


Hay otra estrategia que funciona y sí es un poco tonta. Todo lo que vean o sientan puede ser una bendición. Recientemente se me recordó de los orígenes de la palabra ‘perdón’. Creo que he escrito sobre esto antes, pero un recordatorio es útil. En tiempos antiguos los pescadores salían en pequeños botes por las costas peligrosas de Escocia. Por seguridad muchos iban juntos en pequeños grupos. Cuando un bote se llenaba de pescado ellos gritaban ‘para la costa, abran paso, abran paso’ (n.t. en idioma inglés: fore, give way; que se convirtió en forgive: perdonar) y los otros botes abrían paso permitiéndoles llegar a la costa. Después esto se adaptó al golf donde se gritaba ‘abran paso, abran paso’ para advertir que venía una pelota. Esto se convirtió en la palabra perdonar. Significa ceder el paso, liberando la salida. Proporcionar una salida, sea a una deuda o a una transgresión. Necesitamos hacer eso una y otra vez. Más que nada con nosotros mismos. Perdonar nuestras desilusiones, nuestras expectativas, nuestro martirologio. Ceder el paso, cederlo a la libertad.


Bendecirlo todo. Bendecir nuestras intenciones y objetivos. Bendecir nuestros desafíos. Bendecir como se resuelve sea como sea. Bendecir a los que se atraviesan en nuestro camino. Bendecirlo todo. Esta estrategia nos permite asirnos a la cuerda dorada, esa cuerda dorada que nos permite navegar ilesos a lo largo del torbellino, sorteando las rocas, las enormes olas, evadiendo la turbulencia. La cuerda dorada siempre está ahí en nuestras vidas. La pregunta es “¿Estamos con ella. Cómo nos asimos a ella. Cómo nos mantenemos en ella?” Cuando la soltamos sabemos lo que hicimos mal. Cuando la asimos sabemos lo que hicimos bien. No es tan difícil. No es difícil, a menos que no queramos aprender, no queramos rendirnos a una nueva forma de navegar las aguas.


Asir la cuerda dorada exige que pidamos ayuda invisible. Eso conlleva humildad. No es rogar, ni lloriquear, solamente pedir, solamente decir: “muéstrame, quiero aprender, estoy escuchando, estoy listo. Ah, así está mejor. Estoy de vuelta aferrado a la cuerda dorada que ha estado ahí desde mi nacimiento. Abran paso, abran paso, que ahí voy”. Muchas bendiciones.